Yo sí soy negra sí soy una mujer negra, otra mujer negra,
soy todas las mujeres negras. Dame esa copa de vino mi querido Ludovico que aún estoy viva y puedo reclamar el olvido, dame tu amor Virgilio a mí que puedo librarte del infierno. Denme la daga a mí que soy Nigeria y Mozambique,
que soy el Congo y la Bisó.
(Preámbulo de “Ludovico”, dedicado a Ludovico Silva, in memorian)
Tenía siete años apenas, apenas siete años, ¡Que siete años! ¡No llegaba a cinco siquiera!
De pronto unas voces en la calle me gritaron ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
“¿Soy acaso negra?” –me dije ¡SÍ! “¿Qué cosa es ser negra?” ¡Negra! Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía. ¡Negra! Y me sentí negra, ¡Negra! Como ellos decían ¡Negra! Y retrocedí ¡Negra! Como ellos querían ¡Negra! Y odié mis cabellos y mis labios gruesos y miré apenada mi carne tostada Y retrocedí ¡Negra! Y retrocedí… ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
Y pasaba el tiempo, y siempre amargada Seguía llevando a mi espalda mi pesada carga
¡Y cómo pesaba! . . . Me alacié el cabello, me polveé la cara, y entre mis cabellos siempre resonaba la misma palabra ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra! Hasta que un día que retrocedía, retrocedía y que iba a caer ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¿Y qué?
¡Negra! Sí ¡Negra! Soy ¡Negra! Negra ¡Negra! Negra soy De hoy en adelante no quiero laciar mi cabello No quiero Y voy a reírme de aquellos, que por evitar –según ellos– que por evitarnos algún sinsabor Llaman a los negros gente de color ¡Y de qué color! NEGRO ¡Y qué lindo suena! NEGRO ¡Y qué ritmo tiene! NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO Al fin Al fin comprendí AL FIN Ya no retrocedo AL FIN Y avanzo segura AL FIN Avanzo y espero AL FIN Y bendigo al cielo porque quiso Dios que negro azabache fuese mi color Y ya comprendí AL FIN Ya tengo la llave NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO ¡Negra soy!
Con el círculo ecuatorial ceñido a la cintura como a un pequeño mundo, la negra, la mujer nueva, avanza en su ligera bata de serpiente. Coronada de palmas como una diosa recién llegada, ella trae la palabra inédita, el anca fuerte, la voz, el diente, la mañana y el salto. Chorro de sangre joven bajo un pedazo de piel fresca, y el pie incansable para la pista profunda del tambor. Nicolás Guillén
Negros del continente, al Nuevo Mundo habéis dado la sal que le faltaba: sin negros no respiran los tambores y sin negros no suenan las guitarras. Inmóvil era nuestra verde América hasta que se movió como una palma cuando nació de una pareja negra el baile de la sangre y de la gracia. Y luego de sufrir tantas miserias y de cortar hasta morir la caña y de cuidar los cerdos en el bosque y de cargar las piedras más pesadas y de lavar pirámides de ropa y de subir cargados las escalas y de parir sin nadie en el camino y no tener ni plato ni cuchara y de cobrar más palos que salario y de sufrir la venta de la hermana y de moler harina todo un siglo y de comer un día a la semana y de correr como un caballo siempre repartiendo cajones de alpargatas, manejando la escoba y el serrucho, y cavando caminos y montañas, acostarse cansados con la muerte, y vivir otra vez cada mañana cantando como nadie cantaría, bailando con el cuerpo y con el alma. Corazón mío, para decir esto se me parte la vida y la palabra y no puedo seguir porque prefiero irme con las palmeras africanas madrinas de la música terrestre que ahora me incita desde la ventana: y me voy a bailar por los caminos con mis hermanos negros de La Habana. Pablo Neruda. "Canción de gesta" (1960), "Dos voces de América en un canto a Cuba", Pablo Neruda recita y Carlos Puebla.